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26 abr 2010

No hay premio



Hola amiguetes/as, ¿qué es de sus vidas? Yo estoy bien. Trabajando, escribiendo, viendo Navy, disfrutando de la vida conforme se puede.... Y del amor.... Todo hay que decirlo. Mi vida nunca fue tan guay, jejeje

Hoy me dijeron que no he ganado nada en el concurso literario del Leonardo Da Vinci (instituto donde estuve matriculado hasta que en diciembre acabé las prácticas) y aunque no me habia hecho muchas ilusiones de ganar, fastidia un poco,.. Bueno, no, bastante.

Ahora ando escrribiendo un relato. Pero llevo desde el verano sin tocar EL MÁS FUERTE.

1 abrazo.

17 oct 2009

El personaje de Navy que me recuerda a Basilio Correa




Investigador en Jefe Leroy Jethro Gibbs (Mark Harmon):
Un experimentado Sargento de Infantería de Marina y francotirador, el agente Gibbs es un investigador e interrogador muy hábil, dotado de una intuición aparentemente infalible. Gibbs informa directamente al director del NCIS. A la vez es un hombre que "hace bien su trabajo", se ve frecuentemente que Gibbs tiene poca paciencia con la burocracia. Se habla poco de la vida personal de Gibbs, construye un barco en el sótano de su casa, y ha habido muchas referencias a sus tres ex-esposas, tiene debilidad por las pelirrojas. Su actitud se vuelve más oscura luego de la muerte de Kate, y lo llena de ganas para asesinar a Ari Haswari, el terrorista que asesinó a Kate. En la tercera temporada se descubre que Gibbs tuvo una mujer (Shanon) y una hija (Kelly) de las cuales nunca ha hablado al resto del equipo. Las asesinó un criminal al que perseguía, luego Gibbs tomó venganza y lo mató desde una montaña (francotirador). En la sexta temporada Gibbs regresa al lugar donde naciò, Stillwater, y todo su equipo de agentes conoce al padre de Gibbs, Jackson Gibbs, y tambièn se sabe que en Stillwater conoció a su futura esposa Shanon. En el final de la tercera temporada, luego de sufrir amnesia temporal a causa de una bomba presenta su retiro a la directora Shepard y se va a vivir a Mèxico con su amigo Mike Franks.
Este texto le he sacado de la Wikipedia.


¿Por qué me recuerda a Basilio Correa?
  1. Son impacientes con la burocracia.
  2. Les gusta trabajar en solitario.
  3. No llevan bien que la autoriedad les contradiga.

11 oct 2009

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Estoy hasta las cejas de la breve trama para el concurso del que hablo más abajo, porque sólo se me ocurren historias que necesitan más de 400 palabras, con lo cual estoy considerando que al acabar el cuento que me trae frito, me dedicaré a escribir, después de haber reposado de mi afición literaria por haber estado con Java, una serie de relatos en los que el inspector Basilio Correa este a cargo de su equipo de subinspectores, resolviendo casos de asesinatos "de andar por casa". ¿Qué ors parece?

Aunque antes debo dar fin a El más fuerte.

Agur

400 palabras no dan para nada


Mankell, tú que vives entre Suecia y Mozambique ayudame a crear una breve trama que en media cara tenga principio, cuerpo y desenlace, porque hasta la fecha se me queda corto el margen que han dado los directores del concurso, gente vaga por cierto según mi intuición. A ver, ¿por qué no dan cinco folios para explayarse algo en vez de esas cuatrocientas palabras de poca monta? XD

De momento a mi hermano se le ha ocurido que relate el paseo de un hombre que es atropellado. Estoy por hacerle caaso.

Agures

29 sept 2008

¿Alter-ego?


Esta mañana actualicé el blog que llevo junto con Elena Serra, http://www.lasombradeldetective.blogspot.com/ con la trayectoria resumida de Hening Mankell, creador de "mi querido" inspector Kurt Wallander, y entre otras cosas escribí que ambos comparten una edad, melancólicos, un amor hacía la opera y una preocupación hacía el mundo cada día más violento.

Después pensé en qué rasgos de mí ha heredado, y heredará, Basilio Correa, colega de Kurt Wallander



Ni la edad (me lleva 20 años, aun que los cumplimos el mismo día), ni la altura (me supera en 10 centímetros con su 1.85), tampoco el trabajo (ya me gustaría ser investigadora), ni la familia, ni la descendencia, ni la afición hacía el boxeo (este dato homenajea al joven Mandela). Yo no fumo ni bebo alcohol, y él no lleva gafas también son dos cosas que no tenemos en común.

Las semejanzas son, que no nos sentimos identificados con ningún partido político, hemos estudiado informática (él es licenciado, yo técnico superior), nos gusta el blues (aunque él sepa tocar el saxofón, y yo no me haya formado), somos los hermanos mayores (él tiene a María y a Jaime de 40 y 35 años respectivamente). Nos gusta vestir ropa cómoda, de hecho nos calzamos con zapatillas siempre que podemos, si no es lo adecuado nos da lo mismo. A ambos nos gusta Bogart y el cine de Clint Eastwood. Él tiene un SEAT León y a mi es el coche que más me gusta. Los dos somos un poco gruñones, o mucho, depende del día. ¿Por qué no iba a ponerle cicatrices si lo que más me gusta de mi cara son mis dos escalabraduras?, pero él en vez de tenerlas en la cara las tiene en el cuerpo, una de cuando una loca lo apuñaló con unas tijeras, y la segunda a describir. En moda no tenemos ningún conocimiento; la ropa que nos gusta no caducará. En cuanto a amistades, no somos de rodearnos de amigos; Basilio tiene buena amistad con Enzo y Leonardo (el último está basado en un amigo mío que me pidió que le crease un personaje), aunque en este punto se debe aclarar esto: yo no soy de rodearme de amistades, pero ya me gustaría hacerlo de sábado a sábado como hace la Banda JB de mi pueblo, o como Juan nos cuenta de sus escapadas a Oviedo, pero ¡de qué me quejo! ¡Os tengo a ustedes!



Creo que con el párrafo anterior he anotado bastantes similitudes, ahora bien si ven más díganmelas porque me está encantando redactar esta lista.
¿Y ustedes se asemejan a sus personajes ya sean creación vuestra o apropiados por la alta estima como yo pudiese hacer con el coronel del Equipo-A?


Por su puesto, los dibujos son del Gran Viñetas Y las aventuras de este personaje se pueden leer en http://www.fotolog.com/basiliocorrea

26 ene 2008

Nuevo retrato ii




Obra del genial www.fotolog.com/vinietas, este es el más actual de los retratos que ha realizado en honor a mi criatura el inspector Basilio Correa. Incansble como siempre, os animo a leer El más fuerte, relato que encontrareis en ese enlace.

Saludos

16 ene 2008

Nuevo retrato


La nueva imagen de Basilio Correa, el ilustre detective de poca sensibilidad, y ni falta que le hace, ha sido creada por el talentoso de http://www.fotolog.com/vinietas..

Esta imagen me parece muy acertada en tanto en cuanto, a lo bien que refleja la personalidad de mi criatura. Además en ella percibo cosas que me habían pasado desapercibidas.

Ya me apetece meterme otra vez en mi faceta de escritora aficionada, no obstante debo a guardar a vacaciones, porque mi papel, ahora es el de buena estudiante. O estudiante a secas, mejor. Si, sin duda. En fin que a Semana Santa solo le faltan 8 semanas, y tic-tac-tic-tac.

Para poner fin a esta breve actualización, y sino conocen aún al detective Basilio Correa léanlo aquí: El más fuerte

GRACIAS AMIGO http://www.fotolog.com/vinietas

29 dic 2007

Relato protagonizado por Basilio Correa:


EL MÁS FUERTE

Sin más, guardó el arma reglamentaria en un cajón bajo llave, y salió de su despacho, aprisa, escurriendo la vista. No se cruzó nadie en su camino, y si alguien lo hubiese hecho, no le hubiese importado lo más mínimo, pues nadie ni nada impediría lo inevitable, y su conciencia llevaba ya mucho tiempo molestándole con honestidades, pero aún así, él pensaba desarrollar su plan.

Un plan arriesgado, deshonesto, brutal, ajeno por completo a lo que se entiende por obligaciones y deberes de un sub-inspector de policía como era él. Y aún así, Basilio Correa, en un aciago día 28 de octubre de 1999, bajó hasta el corazón de la ciudad desde la comisaría central, donde trabajaba, y como medio de transporte usó sus dos piernas, siempre dispuestas. A la carrera, tomando atajos, en media hora larga, bajo un sol demasiado potente en concordancia para la fecha, llegó hasta el parque infantil-juvenil del su barrio.

Se detuvo, el corazón le palpitaba, y doblado por el esfuerzo, tomó bocanadas de aire. Sus ojos buscaban a la pequeña Sofía, de prematura perspicacia para sus 9 años y no poca fuerza personal, y la encontró tal y como esperaba: jugando a los detectives como él le había pedido tiempo atrás.

Una semana antes, Sofía había acudido a su padre, sería, y en secreto le había hecho una confesión a cerca de su amigo Ramón y de cómo un hombre mayor se lo había llevado a comprar golosinas, y luego al cabo de un rato, su amigo había regresado al parque llorando.

— Era como si Ramón, no fuese Ramón. —Sofía se fue a sentar en las rodillas de su padre. Vanesa, la esposa y madre, estaba en la cocina preparando la cena; y el benjamín de la familia, Rubén correteaba por el salón, con sus 2 años, se mantenía al margen.

¿Qué fue del hombre mayor? —preguntó Basilio.

Al día siguiente volvió, igual que siempre.

¿Qué hizo tu amigo al verlo?

— Se quedó serio, —la pequeña pensó, meditó, recordó—: Creo que se marchó pronto, y él es de los que se queda hasta tarde.

Basilio sospechaba, pero tampoco iba a asustar a su hija con precauciones exageradas. Luego le propuso un juego.

El juego en cuestión, deberían mantenerlo totalmente en secreto, por el bien de la operación, como le hizo saber a la niña de sus ojos. Y ella, queriendo emular a un padre al que admiraba, obedeció no sin antes preguntar si se lo podría desvelar a su madre o a su tío Ricardo, también policía. A nadie, solo lo sabremos tú y yo.

El hombre mayor, como educadamente lo llamaba Sofía, se continuó acercado a la parcela de toboganes y columpios, sintiéndose impune, porque aquellos niños y niñas no sabrían contar lo que les hacía tras los matorrales del norte, más allá de la charca que ninguno cruzaba en solitario asustados por la leyenda de El hombre más fuerte.

Pero este sentimiento de impunidad lo llevo a confiarse, y así cuando el 28 de octubre, cuando eran pocos los escolares que ya corrían distraídos por el parque, y un hombre de unos treinta años, se sentó a su lado, cansado por una caminata, que a esas horas no corría ningún atleta, no supo que venían a por él.

Sofía que hasta el momento había estado pendiente del hombre mayor, hizo un gesto ya acordado a su padre, y cuando éste le respondió lo que esperaba, subió a casa. Entonces, Basilio cuando supo que su hija no vería, ni oiría nada, y tomando precauciones, aunque confiaba en el criterio de Sofía, no quería malos entendidos, comentó:

Por aquí no hay mucho que ver, ¿o sí?

Eso depende de lo que se busque —dijo malicioso el hombre sin nombre.

— Por supuesto, —echó unas miradas hacía el entorno que los acogía, y al volverse propinó, al dado como pederasta, un golpe en plena boca del estomago—. ¿Te duele, maldito hijo de perra?

El hombre, al que aquello cogió por sorpresa, respondió indignado, y moviendo la cabeza:

Esto no va a quedar así, llamaré a la policía.

— No hará falta, —lo tomó por las solapas de la chaqueta, levantándolo del banco, de nuevo su puño se volvió a hundir en aquel estomago— la policía soy yo.

El hombre sin identidad rió y sus carcajadas dejaron perplejo a Basilio Correa, que aflojó la fuerza de sus puños paulatinamente.

El hombre mayor habló:

— El caso es que no tienes nada contra mí. Me puedes golpear hasta dejarme sin sentido, pero seguiré siendo el contratista más importante de esta ciudad, Y no sé si lo sabrás policía de pacotilla, pero tengo a los jefazos comiendo de mi mano.

Basilio pensó por poco tiempo, si había errado ya era tarde, y con la misma rabia que sentía cuando dejó la comisaría tras haber recibido el timbrazo a su busca, aquella advertencia, parte del juego de detectives que mantenía con su hija, le volvió a sacudir dos puñetazos más.

Los niños que habían estado jugando y se habían detenido a observar aquella pelea, pasaron a contemplar como el hombre bueno, todos sabían que Basilio era policía y de mayor querían ser como él, que estaba de rodillas en el suelo, lamentaba lo sucedido, avergonzado. Mientras, el hombre que los había estado observando desde principios de curso, marchaba en un Mercedes de última gama, sin sentir reparos por las miradas maliciosas, y dispuesto a arruinar la vida del policía que impaciente ante un sistema legal, se había tomado la justicia de su mano.

La noche se hizo…


La continuación en BasilioCorrea

8 abr 2006

El Retorno de Luis Goicoechea


Goicoechea, policía que sin miedo hacia la muerte, porque su misma vida ya es muerte, retoma el protagonismo en mi mente, y como el personaje que más me atrae de todos mis bocetos, le daré la vida que debí darle, y por tanto le debo. Visitante, cliente y usuario de prostíbulos, este personaje es el anti-Somerset de mí idolatrada Seven, y por ello le doy el Aspecto de Morgan Freeman.

¿Para cuando una película, duelo entre Hopkins y Freeman?, en mi mente ya existe.